Estas letras las hizo mi hijo pequeño mientras esperaba muerto de sueño en mi taller a que yo decidiera terminar de trabajar una noche de estas Navidades pasadas, con pena ya, por cierto. Me pidió alambre y con sus dedos me escribió lo que más nos gusta escuchar y también decir. Si él supiera que lo verían miles de personas unos días después, tal vez no le hubiera salido tan bien.
Ya es una realidad de mensaje que os digo antes de regresar mañana.
Siempre unidos.