Como manda la tradición, ayer asistí a la de Madrid. Para mí es ya el broche de oro a las fiestas de Navidad, que tanta pena me da cuando terminan. Siempre me pregunto, por qué el Rey Baltasar es un blanco pintado de negro, con tantos hosmbres de color que viven en España. No provocaba el amor de los niños pues parecía como cansado; se apoyaba en el asiento de su silla y como paró la carroza, él se quedaba inmóvil, mirando para abajo. Fue una pena ver esa apatía. El resto estuvo bien y sobre todo me gustaron los carros con bueyes inmensos y el paseo de las ocas por La Castellana, aunque yo que soy tan tonta, sufrí hasta por verlas andar por el asfalto, fuera de su hábitat. Los disfraces tipo antiguos y con muchas sobre faldas, me gustaron y los animales raros que sobrevolaban y se movían como articulados, me parecían originales y como de otro mundo. Cada año hay más un estilo hacia El Circo del Sol y aparecen personajes con pelos raros y miradas de locos que me recuerdan a esos espectáculos. Nada que ver con la Navidad tradicional. Menos mal que se escuchaba algún villancico en la carroza del Zoo de Madrid. La crisis llegó en la publicidad pues fuera de la promo de nuestra urbe, ninguna más que El Corte Ingles, as usual.

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