Gran invento para jugar. Recuerdo la que tenía una amiga en su casa y que cada vez que hacía fiesta saltábamos sin parar toda la clase. Su padre nos controlaba las entradas y salidas ya que recibías golpes de todos.
Cómo es el momento en que te caías y no te podías poner de pié y tu «compañero de salto» saltaba con más fuerza para que rebotaras una y otra vez como una croqueta.
Luego vinieron los castillos de las ferias y los de alquiler, pero esos ya me daban asco pues entra cualquiera y todos descalzos y para eso de la higiene soy exigente.
Me despido con unos saltos largos hasta casi el cielo; con un hormigueo de estómago y con los pelos para arriba; te subes?