Lo compran para hacer extensiones. Se paga el kilo a 150 euros. Conocí a una mujer que me impactó al contar que vendió su pelo, que era una trenza gorda, e hizo tartas en los pocos huecos que tenía, para poder pagarse la peregrinación a Salta. Tiene un hijo de 2 años, Agustín, que está inmóvil debido a una meningitis. Ella cargaba con él las 24 horas del viaje y su niño que sólo movía la cara, lanzaba besos.

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