Después de casi un mes a dieta estricta, hoy ha sido ese día que siempre esperas para saltarte todo y comer todo lo que te prohibieron. Recuerdo que el día de la inmensidad de dulce de leche , tuve que contenerme más aún pues compramos cubanitos rellenos de ídem y súper helado de lo mismo para ir a una comida con amigos.
He pasado de no poder probar nada por náuseas a celebrar que empiezo una nueva vida pues deseo olvidar el pasado, aunque he aprendido mucho de lo vivido. El tratamiento ha surtido efecto y doy gracias por ello. Anduve bastante ayer y he vuelto a sonreír; no por falta de ganas pero la falta de hormonas y la tristeza por el pueblo chileno me lo impiden como desearía.

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