Mi pintor favorito; cuando llegaba a Madrid de vuelta a casa de la Argentina y veía la luz radiante me acordaba de la que él pintaba y le caracteriza.
Ayer fui al Prado..regalo de domingo y más porque lo hice del brazo de mi hijo y bajo la explicación de un guía repentino..ganamos tiempo pues flotábamos entre las salas y directos al cuadro más importante de cada etapa y pintor.Siempre que me pongo delante de Las Meninas me entra una emoción especial; recuerdo una clase de arte en que pasé mucho tiempo delante del cuadro.
Quedé sorprendida al ver que el cuadro de la infanta Margarita de Austria antiguamente estuvo atribuido a Velázquez suponiéndolo inacabado a su muerte y completado por su yerno Juan Bautista Martínez del Mazo. Los estudios técnicos realizados en el Museo del Prado han descartado esa colaboración, asignándoselo íntegramente a Mazo.Así es que crecimos estudiando esta obra como suya y ahora es de otro..qué sensación más rara tuve..está bien que siempre luzca la verdad pues el alumno a veces mejora al profesor. Le pasó a Velázquez con el suyo, además de suegro..Francisco Pacheco, cuyas obras están guardadas en los almacenes del museo y ninguna expuesta ( esto lo aprendí ayer).

A continuación os doy datos históricos pus aprender enriquece y a mí se me olvida todo..
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, hacia el 5 de junio de 15991 – Madrid, 6 de agosto de 1660), conocido como Diego Velázquez, fue un pintor barroco, considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y maestro de la pintura universal.
Pasó sus primeros años en Sevilla, donde desarrolló un estilo naturalista de iluminación tenebrista, por influencia de Caravaggio y sus seguidores. A los 24 años se trasladó a Madrid, donde fue nombrado pintor del rey Felipe IV y cuatro años después fue ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores de la corte. A esta labor dedicó el resto de su vida. Su trabajo consistía en pintar retratos del rey y de su familia, así como otros cuadros destinados a decorar las mansiones reales. La presencia en la corte le permitió estudiar la colección real de pintura que, junto con las enseñanzas de su primer viaje a Italia, donde conoció tanto la pintura antigua como la que se hacía en su tiempo, fueron influencias determinantes para evolucionar a un estilo de gran luminosidad, con pinceladas rápidas y sueltas. En su madurez, a partir de 1631, pintó de esta forma grandes obras como La rendición de Breda. En su última década su estilo se hizo más esquemático y abocetado alcanzando un dominio extraordinario de la luz. Este periodo se inauguró con el Retrato del papa Inocencio X, pintado en su segundo viaje a Italia, y a él pertenecen sus dos últimas obras maestras: Las Meninas y Las hilanderas.
Su catálogo consta de unas 120 o 125 obras. El reconocimiento como pintor universal se produjo tardíamente, hacia 1850.2 Alcanzó su máxima fama entre 1880 y 1920, coincidiendo con los pintores impresionistas franceses, para los que fue un referente. Manet se sintió maravillado con su pintura y lo calificó como «pintor de pintores» y «el más grande pintor que jamás ha existido».
La parte fundamental de sus cuadros que integraban la colección real se conserva en el Museo del Prado en Madrid.