No me gusta hablar con una máquina y por eso no tengo contestador en ningún teléfono. Cuando dejo algún mensaje a alguien, me pongo a hablar y me lío; me imagino lo que pensará el receptor al escucharme, pero ya no se puede borrar. Son esos momentos de la vida en que lo dicho-hecho o a lo hecho-pecho. Me hacen gracia estas expresiones.
Me parece increíble que alguna compañía telefónica tan reconocida, utilice voces tan extrañas en su contestador automático. A veces escucho algunas que parecen una tomadura de pelo; otras que van alternando diferentes voces; otras de pito..
Valoro tanto poder hablar después de lo mucho que tardé en recuperar la voz, que recuerdo que respondía tipo morse al teléfono; me preguntaban algo y respondía sí o no, dando un golpe o dos en el auricular.

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