Hoy he visto en el cine un documental buenísimo sobre la vida de Caravaggio y al ver esta obra he sentido que os quería hablar sobre ella..al verla en grande, en la pantalla, me ha parecido imponente. Nos visitó en el Prado en 2011.

El Santo Entierro pintado por Caravaggio, conocido también con otros títulos como Entierro de Cristo, Preparación de Cristo muerto sobre la piedra de unción, Deposición de la cruz o Descendimiento de la cruz​ es una de las obras maestras del citado pintor italiano.

1604 fue un año de especial importancia en la vida de Michelangelo Merisi (Milán, septiembre de 1571 – Porto Ercole, julio de 1610), conocido como Caravaggio.

En El Descendimiento, Caravaggio dispuso las figuras conforme a un esquema compositivo compacto, integrado por un grupo recortado sobre un fondo oscuro y construido conforme a una línea diagonal que, desde el ángulo inferior izquierdo, alcanza el lado opuesto de la tela. Allí destaca, en el primer plano, Nicodemo, que vuelve su cara al espectador, y san Juan Evangelista, ambos portando el cuerpo de Cristo. Su mano roza apenas la losa donde debía ser lavado, ungido y perfumado, lo cual probablemente constituye una alusión al propio Cristo como piedra angular y fundamento de la Iglesia. Detrás se localiza la Madre de Cristo, con serena actitud; María Magdalena, que seca sus lágrimas con un paño blanco y María de Cleofás, que, desolada, alza sus brazos al cielo. Todas ellas muestran formas diversas y complementarias de manifestar su dolor. Caravaggio crea un cuadro de altar de fuerte impacto monumental y dramático, acentuado por el violento claroscuro en el que el artista envuelve la acción.

Se han señalado diversos modelos iconográficos para esta pintura. Efectivamente, Caravaggio tomó el cuerpo de Cristo de La Piedad de Miguel Ángel, cuyo recuerdo aparece reiteradamente en la obra del lombardo. Por otra parte, se han señalado también en ocasiones diversas vínculos entre la manera en que se dispone el cuerpo sin vida de Cristo, con relieves clásicos. Sin embargo, Caravaggio reelaboró todos los estímulos precedentes, en una obra que tanto desde el punto de vista iconográfico, como religioso, es totalmente nueva.

La pintura fue requisada en 1797 por el ejército napoleónico con la intención de integrarla en el Musée Napoléon de París, siendo restituida a Roma en 1817, momento en que entró en la Pinacoteca Vaticana.