Como en la película: Mujeres al borde de un ataque de nervios; así hemos ido a buscar tomates y el resto para hacer uno que nos refrescara y tonificara después de este viaje largo. Vosotros con sopas y aquí con limonadas.
Ha sido una tarde de reencuentros, con mi gente de la calle, que son los que me hacen sentir el Buenos Aires del amor. Vicente, vendiendo su revista tipo la farola pero con hambre pues el comedor de la Hermana Josefa hasta Marzo no se abre. Amilda, arrastrando el bote grande de pintura, donde se sienta y pide para dar de comer a sus nietos. Lo hace por las tardes, ya que por las mañanas se ocupa de los 4 pues su hijo murió y las madre los abandonó. Al más «chiquito» le alimentaba con la «mamadera» que le daba un buen hombre y dormía en un cajón que colocaba la abuela en el suelo. Después ha llegado el momento de los cartoneros, de los cuales os hablaré otro día.
La calle tiene vida y hay mucha necesidad de amor y de «plata». Veo manos extendidas pidiendo y me conmueve. Se me fue la morriña de un plumazo.

Pin It on Pinterest