Así llaman a ese trozo de parterre donde crecen las mejores frambuesas de la zona.
Calor y su familia las cuidan con esmero y llegan a recolectar mil kilos por temporada; no es para comerciar y sí para gozar; hacen confitura en la cocina de su casa, que se llama La Ponderosa.
Sentirlas en la mano era como algodón ; el tacto podría decir q sentí una delicadeza extrema y comerlas..ummmm..fue mantequilla pura con un sabor intenso a vida.
Algo tan pequeño pero tan grandioso. Me despido de los frutos rojos. Esta vez era un homenaje a las personas que siguen en este camino de los sentidos y que ponen amor en lo que hacen.

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