Doble ración; una por la mañana y esta maravillosa en el Thyssen, por la tarde. Tan fácil como cruzar la calle. LLegar en bus y olvidarse del coche. Un buen paseo por Recoletos y una horchata bajo un árbol; aunque me dice una vendedora que ya sólo se consume agua y que helados casi nada.
La exposición reúne las mejores obras traídas de cualquier lugar del mundo. Os presento Odalisca y butaca turca; creo que mi favorita. Son escenas de interior; como teatros en miniatura, con una relación depurada entre el artista y su modelo. La mirada se extravía entre espejos, flores, sedas, joyas y en el arabesco de las telas; provocan deseo, desasosiego y desmayo; como en los poemas de Baudelaire.
Visita guiada y entre los alumnos, una mujer ciega con su niña pequeña a modo de lazarillo y su marido que la dirigía con su mano en el hombro; ella llegaba al cuadro; sentía que tenía que parar y escuchaba atentamente con sus gafas y bastón. Bendita sea su vida. Jamás podré olvidar esa tarde. Siempre se aprende del que está peor y no se queja. Lección de humildad y de amor; siempre es el amor. Pensaba en vosotros, en el momento que os lo contaría pues participáis conmigo de cada vivencia.