Las encontré por la calle. Son cuatro hermanas resimpáticas. La mayor de de 87 años y como rosas las 4. La más pizpireta era la rubia de gafas de la izquierda; se despedía del dueño de una tienda diciendo: «Viva la vida» y como yo pasaba por delante, tuve que parar y responderle lo mismo. Terminamos con foto, claro. Me contaron su vida y la alegría de cada día. Siempre juntas y disfrutando de su ciudad: Mar del Plata. No tenían correo electrónico, así es que dudo que nos volvamos a encontrar. Otro momento más glorioso que no podré olvidar. La edad está en el corazón.

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