Lukas Pairon la creó para aprovechar viejos instrumentos de Occidente que pueden empezar una nueva vida en zonas conflictivas como Oriente Próximo o África. Desembarcan el camión en Gaza, Ramala, Kishasa o en Maputo con una buena pila de violines, clarinetes, flautas, timbales o tubas. Los dejan en escuelas donde los jóvenes no paran de hacer música.
Empezó en el 2002 cuando le invitaron a dar un concierto en Ramala y se dio cuenta de que podía construir los que otros se empeñan en destrozar a cañonazos.
A día de hoy han entregado ya 1500 instrumentos que han recogido por Europa. España se apunta este año al cargamento.
«Un instrumento fuerza el desarrollo de un pueblo y hace avanzar un país. Además, es un gran refugio para la felicidad de la gente que vive en conflicto. Les ayuda a crecer y a escapar», afirma Pairon.
«Cuando nuestros músicos van allí a enseñar, comprueban que los chicos aprenden mucho más rápido que en Occidente. Están mucho más abiertos y sensibles a todo aquello que les hace evadirse. A ellos y a quienes les rodean».
«También les enseñamos a cuidar los instrumentos. Para nosotros son como seres vivos y así se lo inculcamos. Hemos creado talleres para reparar y cuidar lo que les entregamos».

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