Hace mucho que no os hablo de mis amigos de la calle. Parte de mis lágrimas eran por ellos; diluviaba ayer sábado y se cubrían en los soportales, esperando el turno para que los atendiéramos. El chocolate caliente les templaba y lo agarraban en sus manos para calentárselas. Pedían cualquier plástico sobrante de las bolsas para cubrirse; venían con cartones o periódicos haciendo de protección; descalzos o desprotegidos; muy agradecidos con nuestro amor y calor humano. Les preguntaba qué tal y me respondían : «pésimo»..esa palabra me retumbaba y pedía por ellos. Los tengo tatuados a cada uno en mi corazón; deseo que llegue el próximo sábado radiante para desearles un buen día.
También me llevé la mala noticia de que la Hermana Josefa será trasladada a otra misión fuera de Buenos Aires y con sus 82 años me parece una injusticia por parte de sus superioras. Tengo pocos sábados para despedirme y me apena.
Siento contaros cosas tristes pero Julián no mejora y está en su casa pues no puede recibir más tratamiento. Unidos todos por él.

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