Como buena ardilla, os cuento cada año que buscamos piñones, que disfrutamos partiéndolos..que cada uno es una sorpresa..el gordito, el sabroso, el seco..el «fantasma»..sólo la piel..el que escupes..pues bien, también os cuento que a mis niños les decía de pequeños que la familia era una piña y nosotros los piñones, bien pegados unos a otros con resina..cuando fuimos destinados a vivir a Buenos Aires, un piñón flaquito y blanco de piel..tuvo que retornar por sus estudios..se notaba que faltaba uno en la piña..la mamá piñon», lloró un mes entero su primera separación.
Este fin de semana dos piñones volaron del nido o de su piña..para estudiar fuera de España. En su momento parece que se van y vuelven, pero cuando pasas por sus cuartos y no los ves o cuando haces la caminata y no te acompaña uno, o cuando no hablas con el otro..se notan sus ausencias..bella palabra..también es melancólica..»ausencia»..pero atención, que estoy alegre porque esta nueva etapa es para todos y para volar y sobrevolar y agradecer por la oportunidad y aprender y valorar..y mejorar..

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