En Madrid los llamo conserjes pero aquí están muy orgullosos de su nombre y de su condición ya que trabajan con pasión. Madrugan muchísimo ya que si yo lo hago, al salir de casa a las 7.15, ya han levantado literalmente el portal y hacen unas limpiezas que ya quisiéramos.Es una pura competición para ver quién lo tiene más radiante. Limpian el trozo de acera que les corresponde y lo secan con fuerza; friegan los portales, que son preciosos; limpian los cristales de los portones inmensos; pasan el trapo ( lustran) con el limpia metales a los barrotes; dan cera a su mesa de trabajo, que la tienen impecablemente ordenada; te abren la puerta al entrar y salir ( igualito que mi abuelito decía un dibujo animado..). Usan ropa de faena ( color Verili, atención¡¡) y traje de mañana y de tarde, con corbata y camisa muy bien planchada. «Adios señora; buenas tardes, buenas noches señora..» Me siento como una reina y eso que salgo y entro sin parar. Es una delicadeza al hablar que te hace sentir bien. Cuando regrese a España cantaré como Gardel: «Ay mi Buenos Aires querido..»

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