Un día como hoy pero de hace ya muchos años, recibí mi Primera Comunión en la capilla del colegio.
La hice de uniforme y nada que ver como ahora se estila, con trajes de antes y de después.
Comimos en casa de mis padres, con la estricta familia, más la abuela, que nunca falla. Siempre incondicional a todo tipo de reunión y siempre enseñándonos con su ejemplo.
Esta foto la tomé nada más llegar a Buenos Aires y ha estado esperando estos meses para salir a la luz. Parece un libro de azúcar , pero además de la elaboración, me parece que el mensaje no puede ser más puro y real pues recalca la felicidad de lo que significa. Los regalos materiales deberían estar prohibidos. Antes tenían sentido pues era el día que recibías tu primer reloj, la pulsera que la abuela deseaba regalar, la cámara de fotos de los padrinos..lo entiendo; pero ahora..esos excesos y esa competición por conseguir algo que difícilmente no tenga el comulgante, como nos llamaban, pues es quitar sentido al día. A mis hijos les «he regalado» la fiesta de celebración en casa y por supuesto mi trabajo de cocinar y preparar todo con infinito amor.
Esas tartas (aquí se llaman tortas..) que nos hacían en casa..tanto trabajo que hoy quiero volver a recalcar y agradecer.

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