Katja tenía 6 años y sonrisa angelical, así la recuerda su padre en dicha ciudad finlandesa. Sonreía ilusionada, con la maleta preparada para irse con su abuela a la Costa del Sol, ya que se había jubilado y sus compañeras de trabajo le regalaron el viaje. Planearon entonces, viajar las tres generaciones de mujeres de la familia: la abuela, su hija y dos nietas. El sábado por la tarde, el padre esperaba ansioso la llegada de la familia. Para la pequeña fue sólo un viaje de ida.»Katja era nuestra princesa y no sé cómo nos sobrepondremos a esta tragedia». Descanse en paz.

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