La edad está en el corazón. Tengo un amigo querido, que se llama Vicente y va para los ochenta; hemos viajado juntos y nos une mucho en común. Ayer vino a verme desde un pueblo de Valencia y se levantó a las 5 de la mañana y cogió 4 trenes; hoy ya se ha marchado, con pena. Otro amigo, Baltasar, se montó en un autobús desde Guadalajara y con el inconveniente de ir en silla de ruedas. También llegó radiante.Y los hijos mientras tanto, llegan cansados del cole; digo que tienen la sangre de horchata… vaya flojera. Con los dos ejemplos que he mencionado quiero homenajear a las personas valientes, que vencen dificultades y que además sonríen.

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