O panqueques, como las llama mi amigo argentino del alma, Flavio.
Le recordé al hacerlas ayer a mi hijo con mucho amor..batimos hasta la nata en casa..y lo mejor..rebañar..
Pretendo endulzaros el día y a la vez darle una alegría a él, pues en breve nos abrazamos y así cuando se vea, tal vez nos salude.
Es un campeón de la vida pues superó meses en coma por inhalar monóxido de carbono y luchó y lucha por rehabilitarse; es la alegría personificada con corazón de niño..
Siempre venía a casa de Buenos Aires a devorar sus mimos verili, con chocolate y dulce de leche.
Termino hoy con nuestro grito de guerra de allá o ashá : «Vamos que no hay tiempo que perder¡¡»

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