Lily se quedó ciega con seis años. Durante dos años ejerció de telefonista en el Zoo de Buenos Aires y en su camino al trabajo escuchaba rugir los leones o presentía las patas pesadas del elefante arrastrando tierra. Quería descubrir el mundo, que sentía que existía, más allá de su oficina.
Un día propuso: » Y si armamos visitas para ciegos??» Hoy Lily está a punto de cumplir veinte años trabajando como guía y tiene la habilidad que sus compañeros no tienen: sabe exactamente qué tiene que decir para que otros ciegos «puedan ver» también a los animales.
Comienza sus visitas con descripciones que al cualquier otra persona le parezcan cualquier obviedad: «Hoy es un día de sol y esa brisa fresca que sienten es porque estamos frente a un lago»..»Ahora estamos frente al recinto de los elefantes, que son marrones, tienen la piel rugosa y son muuuuuy altos»..
Los grupos de no videntes cuentan con el privilegio de poder tocar algunos animales. Las favoritas son la pitón blanca o Marco Antonio, la boa de más de tres metros, que pueden tomarse todo el tiempo que necesiten para recorrer la piel del animal.
Silvia se cansó de llevar a sus tres hijos y nietos de paseo al zoológico, hasta que un tumor se llevó su visión y ésta ha sido su primera vez en volver. Se animó a buscar las cosas que vio tantas veces y que trata de reconstruir en imágenes..»Me produce intranquilidad, pero me gusta venir y escuchar el sonido de los pájaros. Antes, cuando veía, no le prestaba tanta atención».
El grupo puede entrar al recinto para dar de comer a los animales o hundir los dedos en la mata lanuda del animal.
Gracias a Lily, enseñan otras formas de ver.
Lo proponemos al resto de zoológicos del mundo? Cómo van los de España en estas nuevas miras?
Gracias Dios mío por la vista y por tanto que recibimos cada día.

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