Me gusta escuchar esta canción melancólica y llena de amor.
Siempre Argentina en mi corazón..llego a llorar de amor..soy así..qué le voy a hacer..os comparto un tesoro..escuchad con calma la letra..la voz y la música..
Vuelve a salir Carriego, Borges..que acabo de terminar su libro sobre el poeta..
Qué vida más bonita..en lo pequeño, que es grande..

Viejo ciego – Tango – 1925

Con un lazarillo llegás por las noches
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta de flaco rocín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.
El día en que no se oiga la voz de tu instrumento
cuando dejés los huesos debajo de un portal,
los bardos jubilados sin falso sentimiento
con una canzonetta te harán el funeral.

Pareces un verso del loco Carriego.
Pareces el alma del mismo violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego
tan lleno de pena, tan lleno de spleen.
Cuando oigo tus notas me invade el recuerdo
de aquella muchacha de tiempos atrás,
a ver, viejo ciego, tocá un tango lerdo,
muy lerdo y muy triste que quiero llorar.

Letra: Homero Manzi. Música. Sebastián Piana.

Este tango fue estrenado por Roberto Fugazot en sala teatral, el 6 de Noviembre de 1926. Registra numerosas grabaciones.

Glosario:
Canzonetta: voz italiana (diminutivo de canzone); se aplicó en principio a ciertos madrigales y, posteriormente, a un tipo de canción popular, entonada por inmigrantes italianos.
Spleen: desgano mórbido; fue palabra muy frecuente entre los poetas decadentes franceses de la segunda mitad del siglo pasado.
Pareces un verso del loco Carriego: El autor compara la figura del viejo ciego violinista, tal vez con la de “El gringo musicante… de El alma del suburbio”, evocada por el poeta paranaense Evaristo Carriego (1883-1912) en su aludida obra.

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